Guillermo

Él habia empezado en la oficina camuflado en un grupo de doce. Todos nuevitos, con ganas de sobresalir. Y él sobresalió, al menos para mí. Siempre que yo entraba a la oficina él levantaba la vista y me saludaba. Los nuevitos nunca me saludan, me tienen como miedo, o les da vergüenza, no se bien.



Él igual me saludaba, no me tenía miedo. A mi me daba risa, y algunas veces pensaba que había onda... pero igual capaz que no. No se, porque entre que yo soy un poco insegura, y los kilitos que tengo de más, me convencí de que era simpático y nada más.



No me aprendí su nombre pero yo le decía CK por el perfume que usaba, y él siempre se reía. Le parecían cómicos mis chistes, me decía, y se reía. A veces, si yo me quedaba sin almorzar él me traía algo cuando volvía, o me obligaba a bajar al kiosko y me acompañaba. Me decía que nunca hay que saltear comidas.



Un día empezamos a sentarnos uno al lado del otro. Pasábamos un montón de tiempo juntos, me hacia reir un monton, me contaba cosas de sus hermanos, o de los otros nuevitos. Siempre repetía que se sentía muy solo y a mi la cabeza me iba a mil.



Eramos muy distintos, pero cuando me contaba que le gustaba cocinar y los deportes de acción yo me imaginaba casada con él. Entrabamos a la iglesia y él estaba en el altar, y de su lado, todos los nuevitos, y de mi lado mi amiga Florencia, mi única amiga, porque yo tengo una sola amiga y con esto me sobra. Ella decía siempre que a mi me gustaba CK y yo se lo negaba pero me reía. Me re conoce la Flo.



él era 5 años más chico que yo, y la realidad era que trabajabamos juntos así que yo no le daba ni una pista para que él no supiera que me gustaba.



Un día que discutí con mis amigas, salimos de la oficina y me insistió para ir a tomar unos tragos y olvidarme del mal momento. Pasamos por su casa porque se quería cambiar y ahi vi su departamento, su cama, su placard.



Tenía todo ordenado, todo limpio... y cuando se terminó de cambiar me dijo, bueno vamos?